
Se hizó compañera del dolor, lagrimeaba para adentro. Y usó ese mar de bronca, y hastío
para trapear el pesar ajeno. Y hoy sonríe por saberse diferente, y se agustia por no hallarse entre la gente, pero enseña con
los hechos que no hay techo que soporte su carácter bondadoso: generoso pasaporte al corazón de cualquier hombre. En la verdad
pupula el martirio, y
aún desangrada no dice basta.
te amo mamá.